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Aprendiendo a leer con mi abuela

By Noel | October 24, 2007

A veces aprender a leer resulta más difícil para unos niños que para otros. Esta dificultad crece cuando en una familia no están acostumbrados a leer, por lo que los niños siguiendo el ejemplo de sus padres en casa no practica el hábito de la lectura. Es importante que los padres desde pequeños, vinculen a sus hijos con la lectura, sólo así se evitarán los constantes problemas que la falta de lectura ocasiona en el desarrollo escolar de ellos.

Cuando era niño mi abuela se encargó de cuidar de mí, mis padres estaban demasiado ocupados en sus trabajos que el poco tiempo libre que tenían se la pasaban descansando. Si bien, hubiera preferido que mis padres me cuidaran, no me quejó de la labor que hizo mi abuela, que a pesar de los años que tenía no dejaba de apoyarme. Hasta a los partidos de fútbol iba a verme, me hacía barra y como gritaba cuando el árbitro cobraba en nuestra contra. En mi casa lo que sobraban eran los libros, pero yo no los leía porque me hacían recordar a mis padres, ellos eran abogados y se la pasaban leyendo libros, documentos, cartas. Saber que esa actividad me había alejado de ellos ocasionó mi apatía a los libros. En el colegio, en la clase de lengua y literatura, cada vez que me tocaba salir a leer el salón se convertía en un ir y venir de burlas. Confundía las letras, me trababa, decía otras palabras. La profesora había mandado más de dos citaciones a mi casa, pero mis padres nunca se apersonaron, aludían que eran personas muy ocupadas y que cualquier problema lo arreglarían ellos en casa.

Mi abuela al enterarse de ese problema, me propuso ser ella mi maestra de lengua en casa, a mi la idea me pareció divertida y la acepté. Así comenzaron mis primeras clases de lectura. A mi abuela le gustaba leer, tenía varios libros en su estudio, el primer día de clases tomó uno de los tantos que tenía y empezó con su enseñanza. Por semanas, leímos uno y otro libro, bueno pequeños fragmentos. Mi abuela leía más que yo, al principio me mostraba un poco renuente, pero después con lo interesantes que estaban los libros mi interés por la lectura fue creciendo. En el colegio estaba mejorando, ya no me trababa tanto y mis compañeros dejaron de reírse. Para mi cumpleaños mi abuela me regaló un libro con el que quedé fascinado en una de sus clases, el título era “El principito”. Como no tenía todavía mucha costumbre, demoré en leer el libro, luego cuando lo volvía a leer me di cuenta de lo lento que era en esa época.

Así en compañía de mi abuela descubrimos cientos de libros de aventura, magia y misterios, nada comparado con los libro de leyes tan aburridos que tenían mis padres. Tan buenas fueron las clases de mi abuela que me convertí en uno de los mejores alumnos de lengua y literatura, la profesora ya no me llamaba, yo solo me ofrecía. Una vez llegué a participar en un concurso de deletreo, aunque no quedé primero, tuve una mención honrosa. Mi gustó por los libros sigue, ya no los relaciono más con mis padres.

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