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La hora de recreo
By Noel | October 19, 2007
En el colegio la hora de recreo es la parte del horario que más nos gusta a la mayoría. Cuando era niño y aún de adolescente el recreo para mí era lo mejor, juntarme con mis amigos para un pequeño partido de fútbol era el pan de cada día, eso hasta que rompimos el vidrio de un salón. Ese incidente fue una casualidad, sabíamos que estaba prohibido jugar cerca de los salones pero en el afán de cumplir un reto, Luís un amigo, lo hizo, el resultado fue un vidrio roto y la suspensión de todo el grupo por tres días. Después de lo ocurrido el coordinador nos tenía puesto el ojo, ya no jugábamos sólo en las prácticas de educación física.
De pequeño lo que me gustaba de la hora de recreo eran dos cosas: jugar y comer. Era un niño muy comelón, no dejaba pasar ni un pedazo de pan, creo que mi madre me malcrió en ese aspecto porque cada vez que tenía hambre ella me daba algo sino me ponía a llorar y hacía todo un escándalo. El doctor le había recomendado sólo alimentarme en los horarios establecidos, ya que podría empezar a engordar y la obesidad es una enfermedad grave. Sin embargo, por más recomendaciones que recibió nada cambió el alimentarme cuando yo quería. Fue mi abuela que lejos de engreírme como toda abuela, me educo en mi alimentación, así comencé a adelgazar, porque había subido mucho de peso. Bueno volviendo al recreo, yo tenía en mi lonchera de los cariñositos, es fue mi lonchera en por un corto periodo en realidad era de mi hermana, mi madre me la hizo llevar porque yo había roto la mía, golpeando el suelo haciendo uno de mis acostumbrados berrinches. Luego me la cambiaría por una de los Transformres, creo que el hecho de hacerme llevar esa lonchera de niña, fue un castigo a mi mal comportamiento. De niño fui muy mal educado y caprichoso.
Recuerdo que en el recreo mis amiguitos y yo jugábamos a los cazadores de tesoros, yo era algo así como Indiana Jones, todos me seguían en mi locura. Una vez buscando tesoros, bueno no tenía esa intención, revise la cartera de mi profesora, sólo quería dejar una araña adentro, no me gustaba la profesora, yo quería a la miss Angie, pero ella se enfermó y la suplente no se le comparaba. Así hice la vida mi maestra un suplicio, sabía que no podía hacerme nada, hasta que por fin regreso mis Angie.
Además de jugar a cazar tesoros, nos gustaba jugar a las escondidas o encantados. Éramos casi cinco niños los que parábamos juntos y a veces las niñas jugaban con nosotros. Aunque la mayoría de veces ellas salín llorando o se quejaban que hacíamos trampa. Un juego clásico, era el trompo o lingo. Cuando sonaba el timbre sabíamos que era hora de regresar a clases, de nuevo a pintar o dibujar, no me gustaba pintar, la cantidad de dibujos que me dejaban me aburrían. Así que todo los días esperaba con ansías el timbre del recreo.
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